La renovada prueba estandarizada llevada a cabo a nivel nacional el pasado 18 y 19 de octubre generó un gran debate en la comunidad escolar que llegó a las primeras planas de los diarios y los ciudadanos comenzaron a debatir sobre la necesidad de evaluar y saber “cuál es el nivel de la educación argentina”. Más allá de las discusiones políticas, existen argumentos a favor y en contra de las pruebas estandarizadas en el plano didáctico que deben ser revisadas.

El pasado 18 y 19 de octubre, 1.400.000 chicos de 31 mil escuelas fueron evaluados a través del Operativo Aprender 2016, una prueba estandarizada con el sello del Gobierno de Mauricio Macri. Primer punto, no hay nada nuevo bajo el sol: las pruebas estandarizadas en Argentina existen desde 1993 a través del Sistema Nacional para la Evaluación de la Calidad Educativa aplicadas por el Ministerio de Cultura y Educación y la Organización de Estados Iberoamericanos.

Incluso, en 2015 Argentina participó de las pruebas PISA (Programme for International Student Assessment) que depende de la Organización para el Comercio y el Desarrollo Europeo (OCDE). Es decir, nos evaluó una organización de países europeos que no tiene interés en la educación sino en inversiones y desarrollo económico.

Entonces, ¿Por qué #Aprender se convirtió en un hashtag el día de la prueba y las redes sociales se inundaron de “especialistas en educación” con voces a favor y en contra del nuevo sistema de evaluación?

Sin quitarle importancia a la famosa “grieta” de la que hablan los medios de comunicación -que no es ni más ni menos lo que siempre existió en política, los simpatizantes y los opositores al Gobierno de turno- hay una serie de argumentos en el plano didáctico que hace que las pruebas estandarizadas estén en la mira de la comunidad educativa.

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¿Para qué?, esa es la cuestión

“La evaluación no nos va a decir cuales son los problemas, no va resolver nada, es como la radiografía, por sí sola no va a curar el hueso, pero por lo menos queremos hacer un plan con información verídica y veraz, que hoy no la hay”, sostuvo el ministro de Educación Nacional, Esteban Bullrich a los medios de comunicación. Repasando las entrevistas ofrecidas por el mayor referente político educativo, no deja en claro el objetivo del Operativo Aprender 2016.

Por otra parte, el documento oficial de la evaluación sostiene: “El objetivo de Aprender es relevar información oportuna y de calidad sobre los logros alcanzados y los desafíos pendientes del sistema educativo. Los resultados permitirán brindar orientaciones que contribuyan a la mejora continua de los aprendizajes y a una mayor equidad, y planificar políticas que optimicen la calidad educativa”.

Se habla de que a partir de los resultados se podrá sacar una “radiografía”, una “foto” de la calidad del sistema educativo argentino. Y ese es el primer argumento que se critica desde un sector de educadores e investigadores.

Estas pruebas sólo pueden, como una foto, mostrar una parte de lo que ocurre en las aulas y con los alumnos. Las pruebas estandarizadas, de múltiple opción, distribuidas a lo largo y ancho del país, sólo evalúan algunas áreas del conocimiento como lengua y matemáticas (y ciencias sociales y naturales en quinto y sexto año del secundario).
Este tipo de evaluaciones no refleja todo lo que cotidianamente se realiza en la escuela.

“Ellas no pueden dar cuenta de la presencia de experiencias participativas; ni de la construcción de confianza y dignidad que el trabajo docente posibilita a diario con miles de estudiantes y sus familias, ni de los diferentes modos de relación con el saber y la cultura generados por medio de la literatura, el arte y los múltiples recursos tecnológicos que se encuentran disponibles en las escuelas. Tampoco de la manera en que los niños/as y jóvenes construyen en diálogo con el trabajo escolar, prácticas de ciudadanía significativas. Y son justamente estas cuestiones, que también forman parte de los objetivos centrales del currículum escolar y constituyen el núcleo que otorga identidad a la escuela, las que no logran ser reconocidas ni visibilizadas en las evaluaciones internacionales”, sostiene el investigador y docente Gonzalo Gutiérrez en su artículo titulado “Ampliar la mirada”.

operativo-aprender-aulas-negativo-mercantilAsí los logros alcanzados en ferias de ciencias, innovaciones tecnológicas, proyectos solidarios, prácticas ciudadanas, manifestaciones artísticas, entre otras actividades que usualmente se desarrollan en las escuelas argentinas quedan descartadas de estas evaluaciones.

Establecer un núcleo duro y específico sobre qué se evalúa y no caer en generalizaciones como la “calidad educativa” es importante a la hora de hablar de pruebas estandarizadas.

Qué y cómo se evalúa

La evaluación es un proceso de acreditación de un cierto grupo de conocimientos. Un componente ético del proceso evaluativo es evaluar aquellos temas y conceptos dados en el aula. ¿En todas las instituciones del país se impartieron los mismos conocimientos que integran el currículo? ¿Los docentes enseñaron esos contenidos de la misma forma y haciendo foco en los mismos núcleos importantes?

Que un alumno deba contestar preguntas sobre un tema que no fue dado en clases o en el que no se le puso el acento a determinados datos, constituye un resultado falaz al ser desaprobado y entender que por ello no “sabe nada” de tal o cuál área del conocimiento.

Otra cuestión no menos importante, es entender que los procesos de aprendizaje no son lineales, es decir, el sentido de lo aprendido se constituye muchas veces en otro tiempo diferente al de la enseñanza. ¿Cuántas veces logramos comprender un concepto o teoría una vez que finalizamos el cursado de la materia o meses más tarde de haber leído un libro?

Otra crítica técnica a las evaluaciones estandarizadas es el tipo de evaluación que se propone. Al elegir un sistema de múltiple opción, se cierra la posibilidad de respuestas abiertas, explicativas que podrían darnos más datos acerca del razonamiento y conocimiento de los alumnos.

Es necesario buscar un método de evaluación “justa”, que sirva para arrojar indicios, datos, de lo que ocurre en las aulas del país sin con ello condenar a una zona o escuela por sus resultados.

Mientras las discusiones en torno a las pruebas estandarizadas y cómo es la mejor manera de evaluar continúan, nos seguimos haciendo algunas preguntas (aún sin respuestas) sobre el Operativo Aprender 2016: ¿Quiénes elaboraron la prueba? ¿Qué se hará con los resultados? ¿Cuánto costó el operativo al Estado? ¿Qué tipo de conexión realizarán entre los resultados de las pruebas y los cuestionarios complementarios? ¿Por qué se modificó la periodicidad de hacerla anual en vez de cada tres años como recomiendan las organizaciones mundiales?

Preguntas sin respuestas

El pedagogo francés Philippe Meirieu titula uno de sus libros: “Aprender sí. Pero ¿cómo?” y allí afirma que se debe examinar cómo funciona el aprendizaje en la clase y establecer lo que cada uno debe aportar y en qué se debe trabajar con cada uno a fin de que se aprenda más y mejor.

Siguiendo esa línea, decimos: “Evaluar sí, pero ¿cómo?” La evaluación retroalimenta el proceso de enseñanza, nos da una “pista” sobre lo que los alumnos pueden describir, argumentar, comprender, reflexionar sobre los conceptos dados. Pero nunca nos asegurará una evaluación poder ver “todo” lo que ocurre en el proceso de enseñanza-aprendizaje y mucho menos con ello determinar la “calidad” educativa de un sistema que se compone por múltiple factores (tasa de escolaridad, repitencia, permanencia, sobre-edad, calificaciones, logros en diferentes áreas del conocimiento, proyectos escolares, etc) y no simplemente en los resultados de pruebas múltiple opción.

operativo-2-aprender-aulas-negativo-mercantilEs necesario buscar un método de evaluación “justa”, que sirva para arrojar indicios, datos, de lo que ocurre en las aulas del país sin con ello condenar a una zona o escuela por sus resultados.

Todos los chicos deben tener la misma posibilidad de aprender, de poder conectarse y desafiar sus propios límites y de construir su futuro logrando cumplir sus sueños y para ello, el conocimiento no debe nunca dejarse de lado en pos de la evaluación.

  • Esta nota fue publicada en el sitio latinta.com.ar de el 2 de diciembre de 2016.